De las muchas visitas que hacía de niña con mis padres por todo Madrid, recuerdo con especial cariño las de la Plaza de Colón.
Esa cascada tenía para mi algo fascinante, no podía explicarme, desde mi mirada de infantil, que fuera el mismo agua el que una y otra vez acercara la Naturaleza al asfalto del Centro de Madrid.
Luego ya en tiempos de Universidad, recuerdo con cariño esas tardes-noches de copas en la Cafeteria de la Villa, con sus manteles verdes y su ambiente cosmopolita y puntero; era la cita obligada después de visitar la exposición de turno en la sala colindante.
Ahora paso por Colón y me asombro en lo que se ha convertido:en "el almacen de las geniales obras de Gallardón".
Por una parte las interminables obras de Serrano, que tienen a las tres carabelas de los jardines aisladas del resto del entorno con vallas de obras.
Por otro, los propios jardines se han convertido en un depósito de material de obra con daños materiales a las estructuras que tenía este área previas a los trabajos.
Y por último, las casetas de obra correspondientes que se han instalado en mitad de los jardines y que comparten emplazamiento con la caseta habilitada como punto de información al ciudadano del tunel de Alta Velociodad y otra caseta informativa de la Politécnica.
Entre tanta desolación, conviven bancos y pavimentos rotos y el pedestal de la antigua estatua, ya sin su morador que perplejo luce como un invitado de piedra en una ubicacion que le debe resultar muy extraña.
Punto de visitas turísticas sobre todo en estas fechas, asi luce mi plaza de Colón.

